Cómo se compra una montaña rusa

No hay catálogo con precios. Hay un proceso de contratación industrial de dos o tres años en el que el fabricante hace bastante menos de lo que parece y el parque bastante más. En 2024 el Tibidabo abrió Merlí, una torre de caída libre de 52 metros. Costó 2,4 millones de euros y tardó tres … Leer más

Dos atracciones con la misma capacidad. Cincuenta y un minutos de diferencia

En Dinamarca hay una montaña rusa que declara 960 personas por hora y te hace esperar dieciocho minutos. En Inglaterra hay otra que declara 952 y te hace esperar sesenta y nueve. Ocho personas por hora de diferencia sobre el papel. Cincuenta y un minutos de diferencia en la cola. Llevo meses midiendo las colas … Leer más

Dos son fábricas y dos son oficinas: en qué se diferencian de verdad Mack, Intamin, Vekoma y B&M

Hemos dedicado un artículo a cada uno de los cuatro grandes fabricantes europeos: Mack Rides, Intamin, Vekoma y B&M. Y al terminar el cuarto me quedé con una sensación incómoda: los cuatro perfiles no explicaban por qué son tan distintos entre sí. Contaban qué hace cada uno, pero no de dónde viene esa diferencia. Creo que ya lo tengo, y no está … Leer más

Vekoma: el fabricante al que todos criticaron y en el que todos se han montado

445 montañas rusas construidas. Ningún fabricante del mundo tiene más. Y durante veinte años fue el más ridiculizado del sector, por culpa de la misma decisión industrial que lo hizo grande. Esta es la historia de cómo se pierde una reputación clonando, y cómo se recupera

Tres inventos, setenta años: la historia real de las atracciones de agua

Del tobogán de Chicago de 1894 al agua que frena una montaña rusa lanzada. Tres inventos distintos, de tres empresas distintas, en tres décadas distintas, construyeron todo lo que hoy llamamos «atracción de agua». Con los números de caudal y capacidad que casi nunca se explican.

Guardar hidrógeno es la parte difícil

Ya has fabricado el hidrógeno y parece que lo difícil ha pasado. Empieza ahora. Es la molécula más pequeña del universo, se escapa por donde no imaginas, ataca al acero que lo transporta, y comprimirlo o licuarlo te come otro pellizco enorme de energía. Esta es la pieza que explica por qué mover hidrógeno es el verdadero cuello de botella, y por qué el más barato de transportar es el que no transportas.