Un clorador salino fabrica el cloro. No lo echa: lo produce en el sitio.
Pasa el agua salada por una celda con corriente continua, arranca el cloruro de la sal y lo convierte en cloro. Es la misma reacción que sostiene una de las industrias que más electricidad consume del planeta. De ahí salen el PVC de tus tuberías, la sosa cáustica y la lejía del supermercado.
Lo que separa a las dos es el tamaño, y quién se queda con lo que sobra.
Este artículo va de eso. De dónde está funcionando ya la electrólisis sin que la llamemos así. De lo poco que se diferencia la del jardín de la industrial. Y del subproducto que las dos sueltan a la atmósfera.
Antes de seguir, una precisión que hace falta porque el error está muy extendido: esto es electrólisis, no hidrólisis. La hidrólisis rompe una molécula usando agua como reactivo. La electrólisis la rompe pasando corriente. Toda la serie del hidrógeno de esta casa va de la segunda.
El clorador del jardín
El mecanismo está bien documentado. La celda toma un ion cloruro del agua salada y lo combina con parte de una molécula de agua para producir cloro. De paso genera hidróxido de sodio. Y el hidrógeno sale como subproducto, directo a la atmósfera (Indiana Department of Health).
Lo interesante viene después. El cloro desinfecta, y al hacerlo vuelve a convertirse en cloruro. Vuelve a ser sal. Por eso una piscina salina no gasta sal como una convencional gasta cloro. Hay que reponer algo por arrastre, salpicaduras y vaciados, pero la reacción no se la come. El mismo átomo da vueltas indefinidamente.
Es un circuito cerrado, y está en el jardín de miles de casas.
Cuánta electricidad gasta
Aquí hay un hueco en lo que se publica. Hay foros preguntando cuánto consume un clorador y ninguna respuesta con número. Las fichas técnicas de los fabricantes sí lo traen, en dos columnas separadas.
El catálogo profesional de Hayward de 2024 da, para su gama Aquarite LT SV, la producción máxima de cloro y el consumo de cada modelo. Con esas dos columnas sale el dato que no aparece en ninguna parte:
| Producción | Consumo declarado | kWh por kilo de cloro |
|---|---|---|
| 16 g/h | 120 W | 7,5 |
| 22 g/h | 160 W | 7,3 |
| 33 g/h | 150 W | 4,5 |
| 50 g/h | 360 W | 7,2 |
El cálculo es mío, la división de los dos números del catálogo.
Hay una incoherencia que no voy a disimular: el modelo de 33 g/h declara 150 W y el de 22 g/h declara 160. El más productivo consumiría menos que uno más pequeño. Puede ser una errata del catálogo o puede que estén medidos en condiciones distintas. No lo sé, y queda a la vista en vez de elegir el número que más conviene.
También hay que decir qué son esos vatios: son el consumo nominal máximo que declara el fabricante, no una medida de lo que gasta el aparato funcionando un verano entero. Son el techo, no la media.
Lo mismo, a escala de país
Ahora el otro extremo. La industria cloro-álcali hace exactamente la misma reacción en celdas de membrana del tamaño de un edificio.
Para producir una tonelada de cloro, las celdas de membrana modernas consumen entre 2.100 y 2.500 kWh. El umbral que la taxonomía europea considera buena práctica está por debajo de 2.790 kWh por tonelada.
La media real europea es peor que eso, con una advertencia: el dato público más reciente que he encontrado es de 2012. Aquel año la media de la UE eran 3.100 kWh por tonelada, y en el suroeste de Europa, 4.240. Catorce años después no aparece una cifra equivalente, ni siquiera en las publicaciones de la propia patronal del sector.
Pongamos los dos mundos juntos:
| kWh por kilo de cloro | |
|---|---|
| Clorador de jardín | 4,5 a 7,5 |
| Celda de membrana industrial | 2,1 a 2,5 |
Entre dos y tres veces de diferencia.
Para un aparato de doscientos euros colgado en el cuarto de la depuradora, frente a una instalación que consume como una ciudad pequeña y lleva un siglo optimizándose, esa distancia es sorprendentemente corta.
La cautela, entera: los vatios del catálogo son nominales, y las cifras industriales suelen referirse a la celda. No a la planta completa con sus bombas, su secado y su compresión. La comparación vale como orden de magnitud. No es una medición equivalente y sería deshonesto presentarla como tal.
El subproducto que no sabe nadie dónde meter
Las dos escalas tienen el mismo problema, y es el que conecta este artículo con la serie del hidrógeno.
Cuando electrolizas salmuera, sale hidrógeno. En tu piscina, unos gramos que se van al aire sin que nadie los mire. En una planta industrial, toneladas.
Euro Chlor es la patronal europea del sector, y por tanto parte interesada en cómo queden estas cifras. Publicó el dato: en 2022 sus miembros aprovecharon el 85% del hidrógeno que produjeron, y el 15% restante hubo que soltarlo a la atmósfera. El motivo que dan es físico. El hidrógeno es difícil de almacenar, y si no hay un uso cercano con infraestructura para llevarlo hasta allí, hay que ventearlo para que no se acumule.
Ese 15% desperdiciado equivale, según su propia cuenta, a la energía que consumen medio millón de hogares en un año (Euro Chlor, Focus on Chlorine Science nº 13).
Conviene situarlo: todo el cloro-álcali europeo representa el 3,5% del hidrógeno que se produce en Europa. El 90% sale de combustibles fósiles. Esto no es la solución al hidrógeno, es una esquina de él.
Y aquí está la parte que me ha hecho escribir el artículo
En ese mismo documento, la patronal compara lo que cuesta producir un kilo de hidrógeno por cada vía:
| Vía | kWh por kilo de hidrógeno, según Euro Chlor |
|---|---|
| Electrólisis de agua, venteando el oxígeno | 60 |
| Electrólisis de agua, aprovechando el oxígeno | 6,67 |
| Subproducto del cloro-álcali | 1,3 |
Las dos cifras de abajo no pueden ser energía.
Un kilo de hidrógeno almacena unos 33 kWh. Romper el agua para obtenerlo exige, como mínimo termodinámico, alrededor de 39. Un electrolizador real está por encima de 50. Lo conté en el primer artículo de la serie del hidrógeno: metes 55 kWh y sacas 33.
Con 1,3 kWh no se hace un kilo de hidrógeno. Lo impide la física, no la tecnología.
Lo que están haciendo es repartir el coste energético del proceso entre los productos que salen a la vez. De la misma celda salen cloro, sosa e hidrógeno. A cada uno se le puede asignar una parte de la factura. Es contabilidad de asignación entre coproductos, es una práctica estándar y es perfectamente legítima.
Pero no significa que ese hidrógeno se produzca con menos energía. Significa que le han asignado menos factura.
Esto deja de ser un asunto de química en cuanto se mira el patrón. Si algo recorre esta vertical es que quien reparte un coste decide qué cifra sale. Con los envases, el coste del residuo salía del balance de la empresa y entraba en el gasto público. Con el acceso a la red eléctrica, el sobrecoste de un consumo plano acaba en el precio marginal que pagamos todos. Aquí, el coste energético de un kilo de hidrógeno se reparte entre tres productos hasta que la cifra queda presentable.
No hay nada ilegal en ninguno de los tres casos. Hay una decisión contable que cambia el aspecto del número sin cambiar la física de debajo.
Más sitios donde ya está funcionando
La electrólisis lleva más de un siglo siendo infraestructura básica, y en casi todos los casos lo que interesa de ella no es el hidrógeno.
El aluminio. Todo el aluminio primario del mundo sale de una electrólisis, el proceso Hall-Héroult. Consume entre 13 y 15 MWh por tonelada. Las instalaciones más avanzadas siguen necesitando entre 12.200 y 12.500 kWh (AlCircle). Para situarlo: fundir una tonelada de aluminio gasta más electricidad que la que consume un hogar español en varios años.
Esa industria supone alrededor del 8% del consumo eléctrico industrial mundial. Industrial, no total. Es un matiz que se pierde constantemente y convierte una cifra grande en una cifra imposible.
La Estación Espacial Internacional. El oxígeno que respira la tripulación sale de una electrólisis de agua reciclada. Incluida la que viene de la orina y del condensado de la humedad. Produce 5,4 kg de oxígeno al día, suficiente para cuatro personas (NASA).
Allí la relación se invierte. El producto que interesa es el oxígeno, y el hidrógeno es el estorbo. Va a un sistema que lo recombina para recuperar agua, y cuando ese sistema no está disponible, se tira por la borda.
Misma reacción que en la fábrica de PVC y que en tu piscina. Cambia qué mitad de la molécula importa.
Lo que sigue sin respuesta
Cuánto gasta un clorador doméstico en operación real. Lo que hay son vatios de catálogo. No aparece publicada ninguna medición de una temporada completa, y es raro para un aparato que hay en miles de casas.
La media europea de consumo por tonelada de cloro después de 2012. Catorce años sin cifra pública equivalente, en un sector que publica un informe anual.
Cuánto hidrógeno se ventea fuera de Europa. El 15% corresponde solo a los miembros de Euro Chlor. El dato global no aparece publicado.
Si has llegado hasta aquí, esto es lo que se hace en este blog. Normativa y documentación técnica leídas en el original, con las cifras comprobadas una a una, y la parte que nadie verifica señalada.
Los tres anteriores de esta línea de trabajo:
- El SDDR llega en meses y nadie te ha explicado por qué — un sistema de depósito que mueve un coste en vez de eliminarlo, y quién contaba los envases hasta ahora.
- El derecho a reparar ya se aplica, pero no como te lo han contado — un derecho europeo que no se puede invocar contra un fabricante en España.
- Centros de datos: 12 GW de permisos de red para 4 GW de demanda real — permisos repartidos gratis contra una demanda que todavía no existe.
Sígueme si quieres la continuación. Busco el consumo medido de un clorador durante una temporada entera, para comparar con la industria sin depender de los vatios de catálogo.
Y si tienes piscina con clorador salino y un enchufe con medidor, los comentarios son la parte útil de este artículo. Dime qué marca es y cuántos vatios marca el contador.