Un parque de atracciones contrató a un bufete de urbanistas para escribir al alcalde de Londres. No pedía una subvención ni una licencia concreta. Pedía que no le endurecieran la normativa del suelo, porque si se la endurecen no puede construir nada nuevo.
Ese parque es Chessington World of Adventures. Y en mi estudio de colas de veintisiete parques europeos sale el cuarto peor del continente.
He estado dándole vueltas a por qué los tres parques británicos que he medido salen todos en la mitad mala mientras sus hermanos continentales, del mismo dueño y con la misma gestión, salen en la buena. La respuesta no está en el andén. Está en el catastro.
Los tres casos
Thorpe Park: una isla artificial
Thorpe Park está construido sobre una isla en un antiguo lago de extracción de grava en Surrey. Literalmente. El agua le marca el perímetro y el perímetro no se mueve.
Veintiocho atracciones. Es el catálogo más corto de todos los parques de su franja de público que he medido. Y sale el peor de Europa en colas, con setenta minutos de media en sus cinco peores.
Alton Towers: no puede construir hacia arriba
Alton Towers tiene 195 hectáreas. Más del doble que Europa-Park. Debería ser el parque con más sitio de Europa.
No puede usarlas.
La finca incluye jardines catalogados como Grado I en el Registro de Parques y Jardines históricos de Inglaterra, la máxima protección que existe. Al leer los expedientes de licencia municipal aparece la consecuencia práctica, y es de las que no se olvidan: las atracciones tienen que quedar por debajo de la copa de los árboles.
The Smiler se aprobó con una altura máxima de vía de 22,15 metros sobre la rasante existente.
Por eso Nemesis va metida en una trinchera. Por eso Oblivion se hunde en un agujero. Por eso Th13teen desaparece bajo tierra a mitad de recorrido. Lo que los folletos cuentan como genialidad de diseño es, en el expediente urbanístico, una condición de licencia.
Alton Towers tiene el suelo delante y no lo puede tocar. Sale sexto peor de Europa.
Chessington: dentro del Cinturón Verde, entero
Aquí no hace falta deducir nada de los expedientes. El parque lo ha puesto por escrito, con membrete de sus abogados, en unas alegaciones formales al Plan de Londres publicadas por la Autoridad del Gran Londres:
«Despite its history and long-standing role as a key visitor attraction, the CWoAR site remains within, or ‘washed over’, by the Green Belt.»
Washed over es el término técnico para un terreno que queda íntegramente dentro del Cinturón Verde Metropolitano, sin excepción ni recorte de perímetro. No es que el parque esté al lado. Es que está dentro, entero.
Y en el Cinturón Verde metropolitano cualquier construcción nueva es, por defecto, inappropriate development. Solo se aprueba si el promotor demuestra «very special circumstances». Cada vez. Para cada atracción.
De ahí las alegaciones:
«It is vital to the future of CWoAR that the draft London Plan, when published, does not stifle the investment needed to maintain and grow visitor numbers…»
Treinta y una atracciones. Cuarto peor de Europa.
El contraste, que es lo que lo remata
Ahora el otro extremo.
Un empresario polaco compró noventa hectáreas de campo llano en Zator, a una hora de Cracovia, en un terreno sin catalogar, sin cinturón verde, sin jardines históricos y sin agua alrededor.
En once años ha metido ahí diecinueve montañas rusas.
Energylandia recibe 9.390 visitantes al día, más que Thorpe Park y más que Chessington. Sale vigésimo cuarto de veintisiete, es decir, entre los cuatro mejores del continente en colas.
Pon los cuatro juntos:
| Parque | Restricción del suelo | Visitantes/día | Atracciones | Espera en las 5 peores |
|---|---|---|---|---|
| Thorpe Park | isla artificial | 7.212 | 28 | 70,0 min |
| Chessington | Cinturón Verde, washed over | 6.173 | 31 | 57,8 min |
| Alton Towers | jardines Grado I | 9.434 | 39 | 60,4 min |
| Energylandia | ninguna | 9.390 | 40 | 30,4 min |
Energylandia recibe casi el mismo público diario que Alton Towers y espera la mitad.
Cuidado aquí, porque la explicación fácil es falsa
Llegado a este punto la tentación es cerrar el artículo diciendo que el urbanismo británico causa las colas. Y no es verdad, o al menos no directamente. Conviene decir por qué, porque es donde está lo interesante.
Enterrar una montaña rusa la hace más cara, no menos capaz. Un tren cargado sale del andén cada X segundos con total independencia de si la vía está a veinte metros de altura o a tres bajo tierra. La restricción urbanística no ralentiza el despacho. Ni un segundo.
Entonces, ¿por qué salen peor?
Por una cadena de tres eslabones, y solo el tercero es el que produce la cola:
Uno. La restricción encarece y complica cada atracción nueva. No la hace imposible: la hace lenta, cara y sujeta a demostrar «circunstancias muy especiales» ante un ayuntamiento.
Dos. Con cada atracción más cara, el parque construye menos. Veintiocho, treinta y una y treinta y nueve atracciones, frente a las cuarenta o cuarenta y una de sus equivalentes continentales.
Tres. Y el número de atracciones es lo que decide la cola. Este es el hallazgo central de todo mi estudio, y es aritmética de reparto, no de máquinas: una cola es gente que quiere subirse a algo dividida entre los sitios disponibles para subirse. Menos sitios, más cola, con el mismo público.
Es decir: el urbanismo no alarga la cola. Impide construir lo que la acortaría. La diferencia parece un matiz y no lo es, porque señala dónde está la solución y dónde no. Ninguna mejora de operación en el andén va a arreglar un catálogo corto.
Y un detalle que confirma la cadena
Si la restricción empuja hacia atracciones pequeñas, eso debería verse en el tipo de cosas que acumulan cola. Y se ve.
En Chessington, un carrusel de elefantes voladores acumula veintitrés minutos de espera máxima media. Y no es un caso aislado: hay una atracción de saltos infantil con veintiuno, un tobogán con veintiuno, un barco pirata con veinticuatro.
En un parque de 6.173 visitantes al día. Cuando los tiovivos tienen cola de veinte minutos, lo que falla no es el tiovivo: es que no hay dónde más ir.
En los tres británicos aparece además la misma firma en los datos: la desviación apenas baja al ampliar de las cinco peores colas a las diez. No hay un cuello de botella aislado que se pueda arreglar. Está repartido por todo el tramo de demanda alta, que es exactamente lo que produce un catálogo corto.
Lo que se puede afirmar y lo que no
Se puede afirmar que los tres parques británicos que he medido tienen restricción urbanística documentada en fuente oficial: expedientes municipales de licencia en Alton Towers, alegaciones publicadas por la Autoridad del Gran Londres en Chessington, y la geografía del terreno en Thorpe Park. Y que los tres están entre los seis peores de Europa en colas de los veintisiete que he medido.
No se puede afirmar que el urbanismo sea la causa única. Son tres casos, no una muestra. Comparten dueño, lo que introduce otra variable que no puedo separar limpiamente. Y hay parques continentales con restricciones severas, como Phantasialand con sus veintiocho hectáreas, que salen bastante mejor: allí la restricción es física en vez de legal, y parece haber impuesto una disciplina de diseño en lugar de una parálisis.
Lo que sí me parece sólido, y lo digo como opinión mía: cuando un parque no puede crecer, el visitante lo paga en tiempo de espera, no en precio de entrada. Y eso no aparece en ninguna memoria anual, porque no es una línea de coste. Es una externalidad que se cobra en la cola.
Un parque puede tener las mejores máquinas del mercado y una operación impecable. Si el planeamiento le impide poner la siguiente atracción, la cola la va a tener igual.
Ride Intelligence: análisis de parques temáticos con criterio de ingeniería, aforo y economía. El estudio completo de los veintisiete parques, con el ranking, el método y el análisis individual de cada uno, está en mi Patreon.
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