Eurosat – CanCan Coaster: la montaña rusa de Europa-Park que se construyó dos veces dentro de la misma bola

La bola plateada de Europa-Park lleva en el mismo sitio desde el 5 de agosto de 1989. Se ve desde la autopista, sale en todas las fotos del parque y es la primera pista de que estás llegando a Rust. Dentro hay una montaña rusa. Ha habido dos.

La primera se llamaba Eurosat y era un viaje espacial a oscuras. Funcionó veintinueve temporadas y llevó a más de ochenta millones de personas, según la cuenta del propio parque (Europa-Park, historia oficial). El 5 de noviembre de 2017 hizo su última vuelta. En el invierno siguiente el parque abrió la bola por arriba, sacó la vía entera y metió una nueva pieza a pieza con una grúa. Volvió a abrir en septiembre de 2018 con otro nombre, otro tema y los mismos giros.

Se llama Eurosat – CanCan Coaster. Es un vuelo nocturno sobre París que acaba estrellándose contra el Moulin Rouge. Y el trazado sigue siendo, casi metro a metro, el que dibujó Franz Mack en los años ochenta.

Lo que sigue es todo lo que se sabe de las dos. La de 1989 y la de 2018, la cúpula que las envuelve, el ascensor de tambor que las sube, por qué se cambió la vía y qué hay ahora ahí dentro. Con las fotos de una y de otra.


La bola: 1.502 triángulos de Würzburg

Antes de la montaña rusa está la cúpula, que es lo que la gente reconoce.

Es una estructura geodésica autoportante de 1.502 triángulos, construida por la empresa Mero de Würzburg, especialista en estructuras espaciales de nudos y barras. Las tres filas de abajo son de aluminio. El resto de los triángulos los fabricó Mack Rides en plástico reforzado con fibra de vidrio. Los lados llegan hasta 2,80 metros, y por sus tamaños distintos cada pieza solo encaja en cinco posiciones como máximo de toda la esfera (EP-Fans).

Sobre la altura hay dos cifras y las dos son del parque. La historia oficial dice 37 metros; la ficha técnica de la atracción dice 45 (Europa-Park, ficha). EP-Fans lo resuelve así: 37 de alto y 45 de ancho. Me parece la lectura más probable, porque una esfera apoyada en el suelo no tiene la misma altura que su diámetro.

La bola ha sido otras cosas. En 2006, para el Mundial de fútbol, EnBW y el parque la forraron con 5.600 metros cuadrados de tejido de poliéster para convertirla en un balón de 38.792 metros cúbicos. En Halloween es una calabaza. En Navidad, a veces, un regalo con lazo.

En enero de 2022 el parque desmontó parte de la envolvente para sanear la estructura. Durante unas semanas se pudo ver desde fuera la vía roja de la montaña rusa nueva a través del hueco (Parkerlebnis). Es la única vez que la bola ha enseñado lo que lleva dentro.


Eurosat, 1989-2017: el viaje espacial

El concepto y el desarrollo de Eurosat fueron de Franz Mack, el fundador del parque. Su hijo Roland diseñó la zona francesa, la que abrió en 1989, junto con Ulrich Damrau, y la esfera quedó integrada en ella (Europa-Park, historia oficial). El diseño del trazado lleva la firma de la oficina de Werner Stengel (Coasterpedia).

Conviene pararse en esto. Mack Rides es el fabricante, y Europa-Park es el parque del fabricante. Eurosat es la casa construyendo para sí misma, sin cliente por medio, que es lo que conté en el perfil de Mack. Cuando el parque quiere algo, no lo compra: lo hace.

La visita empezaba en una escalera mecánica que subía al interior de una estación espacial. Por las ventanas se veía el fondo del universo. En el andén esperaban siete naves de dieciséis plazas, con un máximo de seis en circulación a la vez. Antes de entrar en el ascensor, el director de vuelo daba las últimas instrucciones.

El ascensor era la parte más larga del viaje. Una espiral aislada del resto de la sala en luz y en sonido, con música tecno que iba cambiando conforme el tren subía. Arriba, la cuenta atrás, calcada de la del Apolo 11: diez, nueve, ignition sequence start, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero, all engines running. Y el tren caía a la derecha.

Lo que venía después eran 900 metros de vía en oscuridad casi total, con meteoritos y estrellas iluminados con luz negra, láseres, un túnel azul y un cambio de dirección detrás de otro. Sin inversiones. 25,5 metros de altura máxima, 60 km/h, 4 g en el punto más fuerte, 3 minutos y 20 segundos de ciclo con el ascensor incluido. Capacidad teórica, 1.600 personas por hora (EP-Fans). El final era un frenazo brusco acompañado de un estruendo, que el guion llamaba los paracaídas de frenado de la nave.

La banda sonora se llamaba In a Second Orbit, de Stark Fader y los Cosmic Sound Heroes, y sonaba por altavoces repartidos por la cúpula.

Para situarla en el tiempo: la Space Mountain de Disneyland Paris abrió en 1995. Eurosat llevaba seis años funcionando a cuarenta kilómetros de la frontera francesa cuando llegó la de Disney.


El ascensor de tambor

La pieza técnica que distingue a Eurosat, a la vieja y a la nueva, es la subida.

Una montaña rusa normal sube por una cadena o por una cinta de fricción en línea recta. Eurosat sube en espiral alrededor de un tambor. Dentro de la hélice de vía hay un cilindro grande que gira sobre su eje vertical, con carriles de acero en su superficie. Los trenes llevan unos apéndices laterales que se enganchan en esos carriles, y el giro del tambor los arrastra hacia arriba por la espiral (Wikipedia, elementos de montaña rusa).

Es un sistema patentado por Mack, y muy poco extendido: el propio parque lo volvió a usar en Euro-Mir en 1997, y fuera de Mack lo montan los Volare de Zamperla. Su ventaja para una montaña rusa cubierta es evidente. Una subida en espiral ocupa poco suelo y dura mucho, y eso da casi dos minutos de ascenso que se pueden llenar de escenografía. En 1989 fueron música y oscuridad. En 2018 es el cielo de París.


Por qué se cambió la vía

El 24 de junio de 2017, en el encuentro de verano de EP-Fans, Michael Mack anunció que Eurosat cerraría en otoño. Reabriría en el verano de 2018 como «Eurosat 2.0». Cambio completo de vía, con un trazado nuevo pero parecido, y una oferta añadida de realidad virtual. Y una promesa: que buena parte de la renovación se haría pensando en Franz Mack (EP-Fans).

El parque no dio en su momento un motivo técnico. Pero los números están a la vista. Ochenta millones de pasajeros entre siete naves de dieciséis plazas son, redondeando, cinco millones de ciclos de tren. Cada uno con su subida, su caída, su frenazo. Sobre la misma vía de acero, con las mismas soldaduras, durante veintinueve temporadas.

Es el asunto del que hablé al explicar la normativa de montañas rusas: la norma europea calcula la vida a fatiga de una atracción sobre una base de 35.000 horas de operación. Eurosat estuvo mucho más allá de esa cifra. Se puede prolongar la vida de una vía con inspecciones y reparaciones locales, y los parques lo hacen. Llega un punto en que sale más a cuenta cambiarla entera, y el parque tiene la fábrica a diez minutos. Mi lectura es que eso fue lo que pasó.

Hay otro motivo que sí se ve en el resultado. La vía de 1989 era negra y llevaba los altavoces en la sala. La de 2018 es roja, hecha con las técnicas de fabricación actuales de Mack, las que expliqué en por qué las montañas rusas son de tubo. Y los trenes nuevos llevan el sonido a bordo. Una vía nueva no solo dura más: permite hacer cosas que la vieja no podía.


La obra: una grúa sobre la bola

La última vuelta de la Eurosat espacial fue el 5 de noviembre de 2017. Después, el parque hizo algo que no se ve a menudo: abrió la cúpula por arriba.

https://www.veejoy.de/en/series/europa-park-junior-club/the-new-eurosat-cancan-coaster

El 31 de enero de 2018 entraron por ese hueco, colgados de una grúa, los primeros tramos de vía roja. En total iban a ser 120 piezas. La primera pesaba 950 kilos y hubo que colocarla con precisión dentro de una esfera que seguía en pie alrededor (Parkerlebnis). El trazado siguió el de la vía antigua casi por completo, en homenaje a su inventor. La vía vieja se desguazó, salvo un tren, que en 2022 fue donado al National Roller Coaster Museum de Estados Unidos (Coasterpedia, citando a Parkerlebnis).

Con la vía se cambió lo demás. Trenes nuevos, más cortos: siete coches de dos plazas, catorce personas por tren, frente a las dieciséis de las naves antiguas. Una segunda estación con un tramo de vía móvil, para que dos atracciones distintas puedan compartir la misma vía. Tematización completa. Y un ambiente sonoro que ya no sale de la cúpula sino de cada tren.

La inversión declarada fue de unos 30 millones de euros. La cifra hay que leerla bien: el parque la dio para el conjunto de las obras de la zona francesa de ese año, no solo para la montaña rusa (Parkerlebnis, apertura).

El 12 de septiembre de 2018 la familia Mack la inauguró con invitados, entre ellos el director Luc Besson, y el 13 abrió al público. Unos 250 periodistas pasaron por allí.


Eurosat – CanCan Coaster, 2018: el vuelo sobre París

La entrada es una réplica de la fachada del Moulin Rouge, con el molino y las letras rojas. No es una imitación genérica: el parque es socio oficial del cabaret y usa la marca registrada Moulin Rouge® con licencia (Europa-Park, historia oficial). La cola pasa por escenas del interior del local.

Los trenes son rojos. Nada más salir, una escena de botellas de champán de las que escapan fuegos artificiales al paso del tren. Después, el ascensor de tambor, que ahora está decorado como el perfil nocturno de París: el tren sube como si volara sobre la ciudad y llegara a lo alto de la Torre Eiffel. En la subida suena, con toda la intención, la música de la Eurosat antigua. Al salir del ascensor cambia al cancán.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Eurosat_Cancan_Coaster.jpg

Recortes de bailarinas justo antes de la primera caída. Nubes, farolas, edificios conocidos de la ciudad. Y el final: el tren se estrella dentro del Moulin Rouge y frena rodeado de bailarinas. En 2019 se añadieron proyecciones de cancán (Wikipedia DE).

Los datos oficiales de hoy: 60 km/h, 4 G, 3 minutos y 30 segundos, catorce por tren, 1.280 personas por hora de capacidad teórica, edad mínima seis años, altura de 1,20 a 1,95 (Europa-Park, ficha). El ciclo dura diez segundos más que antes y la capacidad teórica ha bajado de 1.600 a 1.280, que es lo que pasa cuando se quitan dos plazas por tren.


Coastiality: la segunda atracción sobre la misma vía

La segunda estación no es un capricho. Es la manera de resolver un problema que Europa-Park ya había probado antes: la realidad virtual en una montaña rusa.

El parque había puesto gafas de realidad virtual en Alpenexpress y en Pegasus en temporadas anteriores, con la pega de siempre: hay que ponerlas y quitarlas en el andén, y eso hunde la capacidad. En Eurosat lo resolvieron separando los flujos. Los trenes con gafas cargan en su propia estación, con su propia cola, y entran en la vía principal por el tramo móvil. Los trenes sin gafas siguen a lo suyo.

La primera versión, en 2018, se llamó Eurosat Coastiality y estaba basada en Valerian y la ciudad de los mil planetas, la película de Luc Besson de 2017. Por eso estaba él en la inauguración. Costaba 3 euros más, a partir de doce años, y movía unas 210 personas por hora (Parkerlebnis). Funcionó hasta 2023.

El 16 de abril de 2024 abrió la segunda: Eurosat Coastiality – The Phantom of the Opera, con el musical de Andrew Lloyd Webber. La desarrolló MACK One, la rama de medios del grupo, con VR Coaster. Las gafas se ponen en una sala previa y se sube al tren con ellas puestas, con un sistema que la empresa tiene patentado como Roam and Ride. Cuesta 7 euros y sigue siendo a partir de doce años (MACK Group, nota de prensa).

Es decir: en 2024 la misma vía de acero lleva dos atracciones que no tienen nada que ver. Un vuelo sobre París con música de cancán y un fantasma en la Ópera de París con gafas puestas. Los pasajeros de una nunca ven la de la otra.

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