Vekoma: el fabricante al que todos criticaron y en el que todos se han montado

Ningún fabricante del mundo ha construido más montañas rusas que Vekoma: 445 a fecha de noviembre de 2025, de las cuales 405 siguen funcionando.

Si has subido a una montaña rusa en tu vida, hay una probabilidad razonable de que fuera suya. Y durante dos décadas fue, con diferencia, el fabricante más ridiculizado del sector, con un mote propio entre los aficionados: Hang n’ Bang. Colgarse y golpearse.

Lo interesante de Vekoma no es que hiciera atracciones incómodas. Es por qué las hizo, y qué dice eso sobre cómo se toman las decisiones industriales de verdad. Porque la decisión que le costó la reputación fue, en términos de negocio, probablemente la más inteligente que tomó nunca. Y la recuperación le costó una quiebra, veinte años y un cambio de dueño al otro lado del mundo.

En la guía de fabricantes situamos a Vekoma en el linaje de la reconversión industrial, junto a otros europeos que llegaron a las atracciones desde la metalurgia pesada. Después perfilamos a Mack Rides, la casa del prototipo cuidado, y a Intamin, la del récord absoluto. Vekoma es el tercer vértice del triángulo, y el que mejor explica la economía real de esta industria.


1926: un herrero al que llamaban «el rey del campo»

El origen de Vekoma no tiene nada que ver con el ocio, y su nombre tampoco. En 1926, en Vlodrop, un pueblo de la provincia neerlandesa de Limburgo, un herrero local llamado Hendrik op het Veld vio la oportunidad de fabricar maquinaria agrícola, sobre todo arados. Al hombre lo apodaban Veldkoning, el rey del campo, y con ese apodo bautizó la empresa: Veld Koning Machinefabriek, la fábrica de máquinas del Rey del Campo (WikipediaCoasterpedia).

Cuando el negocio dejó de ser agrícola y pasó a la construcción en acero, el nombre se acortó a las dos primeras sílabas de cada palabra: VE-KO-MA. Igual que Intamin es un acrónimo de ingeniero, Vekoma es la contracción de un mote de pueblo. Ninguno de los dos es un apellido con pedigrí como Mack.

El salto industrial llegó en los años cincuenta, cuando Limburgo era la cuenca minera de los Países Bajos y Vekoma empezó a fabricar estructuras de acero para la industria del carbón (Wikipedia). Ese es el detalle técnico que importa: antes de construir montañas rusas, Vekoma pasó décadas haciendo estructura metálica pesada para minería, un oficio donde lo que se valora es que aguante, sea barato y se pueda repetir. Esa mentalidad de taller metalúrgico, no de estudio de diseño, marcaría todo lo que vino después.

Cuando la minería del carbón neerlandesa empezó a cerrar en los años sesenta, Vekoma necesitaba otro mercado para la misma capacidad industrial. En 1967 empezó a fabricar atracciones, comenzando por norias, y desde mediados de los setenta se especializó en atracciones de emoción (Wikipedia). Es exactamente el mismo patrón de reconversión que vimos en otros fabricantes europeos: una industria pesada que se queda sin su cliente tradicional y descubre que la misma soldadura que sujetaba una bocamina puede sujetar un looping.


El acuerdo que lo cambió todo: Arrow enseña, Vekoma aprende

Aquí está la bisagra de toda la historia. En los años setenta, el fabricante estadounidense Arrow Development (la misma empresa que había inventado el log flume en 1963 y varias atracciones clásicas de Disneylandia) necesitaba a alguien que le construyera la estructura de acero de sus montañas rusas en Europa, para no cruzar el Atlántico con toneladas de vía. Contrató a Vekoma (Coasterpedia).

Lo que pasó después es un caso de manual de transferencia de tecnología. A medida que crecía la demanda, Arrow le enseñó a Vekoma su técnica de construcción de vía tubular y acabó licenciándole su tecnología de montañas rusas. A cambio, Vekoma se convirtió en el distribuidor europeo de Arrow y usó trenes de Arrow en sus propias atracciones (CoasterpediaParkVault).

En 1979, Vekoma lanzó su primera montaña rusa propia: una adaptación del Corkscrew de Arrow, vendida como «Corkscrew with Bayern Curve». Ese mismo año abrió tres atracciones en Europa ya bajo el nombre de Vekoma Rides Manufacturing BV.

Merece la pena detenerse en lo que acababa de ocurrir, porque conecta con una idea que en esta casa hemos discutido a propósito de la industria del hidrógeno: Arrow externalizó su fabricación europea a un tercero, y con ella le transfirió su conocimiento técnico. Se quedó con la parte cómoda (licenciar patentes, cobrar royalties) y le pasó al socio la parte de fabricar acero en frío. Décadas después, Arrow Dynamics quebró y desapareció. Vekoma, el taller metalúrgico que aprendió a hacer vía tubular gracias a ellos, es hoy el mayor fabricante de montañas rusas del planeta. Quien se queda con el conocimiento de fabricación acaba, con el tiempo, quedándose con el mercado. Es mi lectura, pero los dos desenlaces están ahí.


El negocio del clon: cómo se ganan 55 ventas con un solo diseño

A principios de los años ochenta, Vekoma tomó la decisión que definió su reputación durante cuarenta años. En vez de diseñar una atracción a medida para cada cliente, como hacen Mack o B&M, diseñó un puñado de modelos estándar y los vendió una y otra vez, idénticos, por todo el mundo.

El caso extremo es el Boomerang: un trazado sencillo en el que el tren sube en remolque, recorre un bucle y un cobra roll, y luego repite todo el circuito hacia atrás. Se lanzó en 1984 en cuatro parques a la vez y, a enero de 2023, había 55 Boomerangs operando por el mundo (CoasterpediaWikipedia). Es el modelo de montaña rusa más repetido de la historia, hasta el punto de que otros fabricantes, sobre todo chinos como Beijing Shibaolai o Jinma Rides, acabaron haciendo sus propias versiones del concepto.

El otro gran superventas fue el SLC, siglas de Suspended Looping Coaster: una invertida (los pasajeros van colgados bajo la vía, con las piernas al aire) con un trazado estándar lleno de inversiones. También se vendió por decenas.

Desde el punto de vista industrial, esto es brillante y conviene no despacharlo como pereza de diseño. Un modelo estándar significa que la ingeniería se paga una sola vez y se amortiza en cincuenta ventas. Significa planos ya validados, tiempos de fabricación conocidos, montaje predecible, repuestos comunes entre parques de tres continentes y, sobre todo, un precio que un parque mediano se puede permitir. Mientras Intamin vendía máquinas de récord a los diez parques del mundo que podían pagarlas, Vekoma vendía a los otros mil. Por eso hay 445 Vekomas y no 445 Intamins.

Es, en el fondo, la diferencia entre fabricar coches a medida y fabricar un utilitario. Nadie escribe reportajes apasionados sobre un utilitario. Pero es el que mueve a la gente.


El precio: por qué duelen los SLC

Ahora la otra cara, y aquí no hay que ser condescendiente con la marca. El SLC se ganó a pulso el apodo de Hang n’ Bang entre los aficionados: prácticamente todas las unidades eran ásperas, y la queja era siempre la misma, los golpes de cabeza contra las protecciones laterales del arnés durante las transiciones (WikipediaCoaster Dreamers).

El diagnóstico técnico es más interesante que la queja. La culpa no era de la vía, era del tren. Los trenes de los SLC se movían y oscilaban mucho más que los de una invertida de B&M, que van sobre la misma clase de vía y no vibran; y el arnés de hombros rígido convertía cada oscilación lateral en un impacto contra la cabeza del pasajero. La geometría del trazado, con transiciones rápidas entre inversiones, amplificaba el efecto. No era una atracción mal calculada estructuralmente: era una atracción con un sistema de sujeción que castigaba al pasajero cada vez que el vehículo se movía un centímetro de más.

Y ahí está la ironía del modelo de negocio: cuando clonas cincuenta veces un diseño, también clonas cincuenta veces su defecto. Un fabricante que hace piezas únicas corrige el fallo en la siguiente unidad. Vekoma repartió el mismo problema por cuatro continentes, y con él se construyó una reputación que tardaría veinte años en quitarse de encima. La eficiencia industrial que lo hizo grande fue exactamente la que multiplicó su error.


Lo que nadie le reconoce: el fabricante de confianza de Disney

Mientras los foros de aficionados lo ridiculizaban, Vekoma estaba construyendo algunas de las atracciones más prestigiosas del mundo, y casi nadie lo asocia con su nombre.

Space Mountain de Disneyland París, inaugurada el 1 de junio de 1995 (hoy Star Wars Hyperspace Mountain), es de Vekoma (Wikipedia). Una montaña rusa lanzada por catapulta, dentro de un edificio cerrado, con una escenografía obsesiva: justo lo contrario del clon barato.

Rock ‘n’ Roller Coaster Starring Aerosmith, inaugurada el 29 de julio de 1999 en Disney’s Hollywood Studios, también es de Vekoma (Wikipedia). Lanzamiento de 0 a 92 km/h en dos segundos y medio, en oscuridad total, con banda sonora sincronizada. Sigue siendo una de las atracciones más queridas del complejo de Orlando. La versión de París funcionó desde 2002 hasta 2019.

Esto obliga a matizar el relato fácil de «Vekoma hace atracciones malas». Vekoma hacía lo que le pedía el cliente. Si el cliente era un parque pequeño con presupuesto ajustado, recibía un modelo de catálogo con los defectos de catálogo. Si el cliente era Disney, con su departamento de ingeniería encima de cada tornillo y un presupuesto acorde, Vekoma entregaba una de las mejores atracciones de su generación. La calidad no era una limitación de la fábrica: era una función del encargo.


2001: la quiebra

En 2001 Vekoma se declaró en quiebra, por una caída de pedidos derivada del descenso general de asistencia a los parques (Coasterpedia). Es el riesgo estructural del modelo de volumen: cuando vendes barato a muchos clientes pequeños, tu supervivencia depende de que esos clientes sigan invirtiendo. En cuanto el mercado se enfría, el fabricante de nicho de lujo aguanta con dos pedidos grandes al año, y el fabricante de volumen se queda sin nada que fabricar.

La empresa sobrevivió y siguió operando, pero la quiebra marcó el final de una era. La década siguiente sería la de intentar dejar de ser el fabricante barato.


La reconstrucción: trenes nuevos y una vía que no golpea

El giro empezó por donde estaba el problema: el tren. Vekoma desarrolló una nueva generación de vehículos y sistemas de sujeción, y rediseñó su forma de calcular las transiciones para eliminar las sacudidas que habían definido su reputación.

La pieza que suele señalarse como punto de inflexión es Lech Coaster, inaugurada el 1 de julio de 2017 en Legendia (Polonia): la primera del modelo Bermuda Blitz, con 40 metros de altura, 95 km/h y 908 metros de recorrido (Wikipedia). El sector la miró con escepticismo, porque venía de quien venía, y la respuesta fue casi unánime: era suave, rápida y mantenía la velocidad de forma notable a lo largo de todo el trazado. La misma empresa del Hang n’ Bang acababa de entregar una de las mejores montañas rusas de Europa del Este.

La confirmación definitiva llegó en 2020 con F.L.Y., en Phantasialand (Alemania), dentro de la zona steampunk de Rookburgh. Es la montaña rusa voladora más larga del mundo, con 1.236 metros, y la primera voladora con lanzamiento de la historia: asientos que rotan de posición sentada a boca abajo, dos lanzamientos, secciones de dark ride y 78 km/h (WikipediaCoaster101). Ganó premios europeos del sector y se instaló en un parque, Phantasialand, que tiene fama de no aceptar mediocridad en nada.

Entre medias, en marzo de 2018, Vekoma fue adquirida por Sansei Technologies, empresa japonesa de Osaka cotizada en la Bolsa de Tokio y propietaria también de la estadounidense S&S Worldwide, con una facturación de unos 225 millones de euros en 2017. Las condiciones del acuerdo estipulaban que no habría cambios en la estrategia, la dirección, las condiciones laborales ni la ubicación: Vekoma sigue operando como empresa independiente desde Vlodrop (Coaster101Vekoma).


Arreglar el pasado: el negocio del retrofit

Hay un último movimiento que dice mucho de la empresa actual, y es que Vekoma se ha puesto a reparar sus propias atracciones antiguas como línea de negocio.

Han desarrollado un sistema de sujeción de chaleco que sustituye al arnés rígido de hombros culpable del headbanging: sujeta al pasajero sin taparle la visión y sin golpearle las orejas. Y lo venden de dos formas, trenes completamente nuevos o solo el cambio de sujeciones sobre el tren existente, para que el parque elija según presupuesto (CoasterBuzz). Condor, en Walibi Holland, recibió dos trenes nuevos con chaleco para la temporada 2021, y los testimonios de quienes han probado los modelos reconvertidos coinciden en que la diferencia es notable, sobre todo para los pasajeros más jóvenes (BGT Safari).

Es una jugada comercial elegante: el mismo modelo de clonado que repartió el defecto por medio mundo le ha creado ahora un mercado cautivo de decenas de parques con la misma atracción y el mismo problema, a los que puede venderles la misma solución. La estandarización, que le costó la reputación, le está financiando la recuperación.


Qué hay de Vekoma en España

Aquí Vekoma gana por goleada a cualquier otro fabricante en presencia, y con piezas relevantes:

  • Jaguar, en Isla Mágica (Sevilla): un SLC inaugurado el 28 de junio de 1997 con el propio parque. 32 metros de caída, 765 metros de vía, cinco inversiones y 85 km/h. Es la primera y la más antigua montaña rusa invertida de España (eldiario.esCanal Sur), y tiene 41 hermanas idénticas repartidas por el planeta. El modelo de clonado, explicado en una sola atracción sevillana.
  • Stunt Fall, en Parque Warner Madrid: un Giant Inverted Boomerang, la versión gigante y colgada del modelo clásico, inaugurado el 8 de agosto de 2002. Fue uno de los cuatro primeros GIB del mundo y es el único de los cuatro que sigue operando en su parque original (Roller Coaster WikiWikipedia). Curiosidad de reparto industrial: estaba previsto que fuera a Walibi Bélgica, y que Madrid recibiera un Boomerang clásico llamado Superman; problemas internos invirtieron el destino de ambos.
  • Titánide, en Terra Mítica (Benidorm): otro SLC, modelo 689. Abrió en 2003 en la zona de Iberia con el nombre de Tizona, y en 2009 fue trasladada a la zona de Grecia y rebautizada. Hoy se puede montar con gafas de realidad virtual (Wikipedia). El traslado completo de una montaña rusa de un extremo a otro de un parque, dicho sea de paso, solo es viable económicamente con una estructura modular y estandarizada como la de un clon.
  • Muntanya Russa, en el Tibidabo (Barcelona): abierta el 23 de diciembre de 2008, 25 metros de altura, 31 de caída, 740 metros de recorrido, 80 km/h y ninguna inversión (Wikipedia). Una máquina familiar en un parque urbano con limitaciones de espacio brutales, que es justo donde el catálogo estandarizado tiene más sentido.

Cuatro parques españoles distintos, cuatro Vekomas, ninguna de récord mundial y todas funcionando décadas después. Ese es el retrato real de la empresa mucho mejor que cualquier lista de récords.


Qué le enseña Vekoma a quien diseña un parque

Cerrando el triángulo con Mack e Intamin, Vekoma deja las lecciones más incómodas y probablemente las más útiles:

  1. La estandarización multiplica lo bueno y lo malo por igual. Comprar un modelo de catálogo probado cincuenta veces significa comprar una atracción sin sorpresas de montaje, con repuestos baratos y precio cerrado. También significa comprar sus defectos conocidos, que no se van a corregir para ti. Antes de firmar un clon, la pregunta correcta no es «¿funciona?», sino «¿qué le critican a las otras cuarenta y nueve?».
  2. El proveedor no define la calidad: la define el encargo. La misma fábrica que entregó los SLC que todo el mundo critica entregó Space Mountain y Rock ‘n’ Roller Coaster para Disney. La diferencia no estaba en Vlodrop, estaba en el pliego de condiciones y en el presupuesto del cliente. Un parque que culpa al fabricante de una atracción mediocre debería revisar primero qué encargó y con cuánto dinero.
  3. Una reputación se pierde en cinco años y se recupera en veinte. Vekoma resolvió técnicamente su problema de confort hace casi una década, y todavía hoy hay aficionados que descartan una atracción suya sin montarse. En un sector donde la decisión de compra de un parque se toma cada diez o quince años, esa inercia reputacional es un coste real que no aparece en ninguna hoja de cálculo.
  4. Quien fabrica acaba sabiendo más que quien diseña. Arrow le enseñó a Vekoma a construir vía tubular para ahorrarse el coste de hacerlo en Europa. Arrow ya no existe. Vekoma es el mayor fabricante del mundo. Externalizar la fabricación es externalizar el aprendizaje, y el aprendizaje es lo que queda cuando pasan treinta años.

Ride Intelligence — análisis de parques temáticos: ingeniería, aforo, economía. Todos los datos, fechas y cifras de este artículo están enlazados a su fuente.

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1 comentario en «Vekoma: el fabricante al que todos criticaron y en el que todos se han montado»

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