Vekoma ha construido 445 montañas rusas. Bolliger & Mabillard llevan 136 en casi cuarenta años.
Y sin embargo, si preguntas en cualquier foro del mundo qué fabricante te gustaría que hiciera la atracción estrella de tu parque, la respuesta suele ser la de los suizos. Este es el perfil del fabricante que decidió hacerlo todo por el camino caro y le salió bien.

Con esta pieza cierro el cuadrilátero de grandes fabricantes que llevo recorriendo: Mack Rides, la casa familiar del prototipo cuidado; Intamin, la de los récords absolutos; Vekoma, la del volumen y el clon. B&M es el cuarto vértice, y a mi juicio el más interesante de todos desde el punto de vista industrial, porque es exactamente lo contrario de Vekoma y le ha funcionado igual de bien.
1987: dos delineantes que se marchan y juran no volver
Aquí hay un dato que circula mal por todas partes y conviene corregir de entrada. Se repite mucho que B&M la fundaron «dos ingenieros de Intamin». No es exacto.
Walter Bolliger y Claude Mabillard empezaron a trabajar en los años setenta en Giovanola, una empresa suiza de fabricación que suministraba atracciones a Intamin (Wikipedia). Es decir, no estaban en la casa que vendía, estaban en la que fabricaba. Y esa distinción no es un matiz de erudito: explica bastante de cómo acabaron pensando.
Durante su etapa en Giovanola participaron en el diseño de la primera montaña rusa de pie de la empresa, Shockwave en Six Flags Magic Mountain, y en otros proyectos como Z-Force en Six Flags Great America. Estaban, por tanto, en el lado del acero, no en el lado del catálogo comercial.
En 1987 Giovanola cambió de dirección, y los dos decidieron marcharse y montar lo suyo. Fundaron Bolliger & Mabillard en 1988, en Monthey, un pueblo del cantón del Valais suizo. Empezaron cuatro personas, dos de ellas los propios Bolliger y Mabillard, que figuraban como delineantes (Wikipedia).
Y ahora la anécdota que más me gusta de toda esta serie: al crear la empresa, los dos habían acordado no volver a fabricar atracciones nunca más. Duró poco. Dos años después entregaban su primera montaña rusa y acabaron convirtiéndose en la casa de diseño más respetada del sector.
1990-1992: de la primera atracción a la invención que lo cambió todo
Su primera montaña rusa fue Iron Wolf, una stand-up (de pie) inaugurada en 1990 en Six Flags Great America (Coasterpedia). Un debut correcto, en un formato que ya existía y que además conocían de su etapa anterior.
Lo que los puso en el mapa llegó dos años después. El 9 de mayo de 1992, en el mismo parque, abrió Batman: The Ride: la primera montaña rusa invertida del mundo (Wikipedia, Coasterforce).
Conviene explicar por qué eso fue tan gordo. Hasta entonces existían las suspendidas, donde el vagón cuelga y se balancea libremente. La invertida es otra cosa: el tren va rígidamente sujeto bajo la vía, sin suelo bajo los pies, lo que permite meter inversiones completas con las piernas colgando al aire. Cambió lo que se podía hacer con una montaña rusa.
Y el origen de la idea es de manual suizo: se les ocurrió montando en un telesilla (Coasterforce). Dos ingenieros de un cantón alpino mirando cómo cuelga una silla de un cable y pensando que eso, con un raíl rígido y una inversión, podía ser una atracción.
La máquina de inventar categorías
Aquí está, para mí, la diferencia estratégica de fondo entre B&M y sus competidores, y es lo que quiero dejar claro por encima de todo lo demás.
Intamin persigue récords: el más alto, el más rápido, el primero en pasar de los 120 metros. Vekoma perseguía volumen: el mismo modelo vendido cincuenta veces. B&M ha perseguido otra cosa distinta: inventar categorías enteras de atracción que antes no existían, y quedarse como referencia de cada una.
La lista de formatos que ha creado o popularizado es notable (Wikipedia, Theme Park Tourist):
| Categoría | Qué es |
|---|---|
| Inverted (1992) | Tren rígido bajo la vía, sin suelo, con inversiones |
| Floorless | Tren sobre la vía, pero sin suelo bajo los pies |
| Dive coaster | Caída vertical o más que vertical, con parada en el borde |
| Wing coaster (2010) | Asientos a los lados de la vía, sin nada arriba ni abajo |
| Stand-up | De pie (su primer producto) |
| Hyper | Gran altura, sin inversiones, centrada en la caída |
Hoy tienen alrededor de once modelos distintos en catálogo. Y fíjate en el patrón: casi ninguno de esos formatos compite por ser el más alto o el más rápido. Compiten por ofrecer una sensación que ningún otro tipo de atracción puede dar. Es una forma muy distinta de diferenciarse, y mucho más difícil de copiar que un récord, porque un récord te lo quitan al año siguiente y una categoría nueva te da década y media de ventaja.
El cajón: la firma más cara del sector
Si has leído la pieza sobre por qué las montañas rusas son tubos, ya sabes que el espinazo es donde cada fabricante enseña la patita. B&M es el caso extremo: su marca de la casa es el cajón cerrado, esa viga rectangular grande y limpia que se reconoce desde el otro lado del parque (Wikipedia).
Mi lectura, desde el oficio, es que ese cajón tiene que ser de lo más caro que se fabrica en este sector, por dos motivos que van juntos: la cantidad de soldadura que lleva y las exigencias de cálculo que impone. Un tubo lo cierras con una soldadura recta; un cajón son cuatro chapas, muchos metros de cordón y una verificación bastante más laboriosa.
A cambio ofrece cosas que un tubo no da con la misma facilidad. La más citada es que el espinazo se puede reforzar localmente engrosándolo justo donde hace falta más resistencia, sin rediseñar la sección entera. Y hay un efecto colateral que se ha convertido en parte de la identidad de la marca: el cajón hueco actúa como caja de resonancia, y de ahí viene el rugido característico que hace que reconozcas una B&M sin verla. En PortAventura, el rugido de Dragon Khan se oye desde medio parque.
Hay otra ventaja que casi nunca se menciona y que sí es una consecuencia directa de la anchura del cajón: es el único fabricante que hace trenes de cuatro asientos por fila de forma consistente. Eso es capacidad pura. Cuatro por fila frente a dos significa, a igualdad de todo lo demás, el doble de personas por tren, y por tanto una atracción que traga cola mucho más rápido. Para un parque grande, eso no es un detalle estético: es una decisión de aforo.
Y sobre la suavidad, mi veredicto no ha cambiado
El tópico más repetido sobre B&M es que sus atracciones son suaves por el cajón. Sigo sin creérmelo, y lo mantengo aquí igual que lo dije en la pieza de estructuras: la suavidad viene fundamentalmente del trazado y del tren, no de la sección del espinazo.
La prueba indirecta más clara sigue siendo Vekoma: sus SLC golpeaban por el tren y el sistema de sujeción, y cuando cambiaron el tren la misma atracción, con la misma vía, dejó de golpear. Lo que sí creo que aporta el cajón es rigidez y un comportamiento muy predecible en el tiempo, que es otra cosa distinta y probablemente más valiosa: no es que la atracción nazca suave, es que sigue siendo suave veinte años después.
El modelo de negocio: pocos, caros y sin sustos
B&M se define a sí misma como una consultoría de diseño de montañas rusas con sede en Monthey (Wikipedia), no como una fábrica de acero. Y sus números encajan con esa descripción: 136 montañas rusas desde 1988, frente a las 445 de Vekoma. Menos de una tercera parte, en un periodo comparable.
Ese es todo el modelo, y es el reverso exacto del que contamos en el perfil de Vekoma. Donde Vekoma amortizaba la ingeniería en cincuenta ventas del mismo modelo, B&M vende pocas unidades a precio alto de un producto con reputación de no dar problemas. La consecuencia comercial es que B&M es la elección segura: el fabricante que un director de parque puede proponer a su consejo sabiendo que, si la atracción sale bien, nadie preguntará; y que si algo falla, nadie podrá reprocharle la elección del proveedor.
Y ahí está, en mi opinión, la lección de negocio más importante de los cuatro perfiles: Vekoma perdió veinte años de reputación por un defecto multiplicado por el clonado, y B&M lleva treinta y cinco años cobrando por lo contrario, por la ausencia de sustos. La fiabilidad, en un sector donde la decisión de compra se toma cada diez o quince años y compromete tres décadas de mantenimiento, no es una virtud técnica. Es el producto.
Qué hay de B&M en España: las dos joyas de PortAventura
España tiene poco producto B&M, pero el que tiene es de primerísimo nivel, y está concentrado en un solo parque.
Dragon Khan, en PortAventura, inaugurada el 2 de mayo de 1995 con el propio parque. 45,1 metros de altura, 1.269 metros de recorrido, 104,6 km/h, un minuto y cuarenta y cinco segundos de trazado y, sobre todo, ocho inversiones: cuando abrió era la montaña rusa con más inversiones del mundo, un récord mundial que mantuvo hasta que en 2002 abrió Colossus, en Thorpe Park (Reino Unido), con diez (Wikipedia, PortAventura). Sigue siendo, a día de hoy, el récord español. Su loop vertical de 36 metros también fue récord mundial en su momento.
Es difícil exagerar lo que supuso. En 1995, un parque español recién inaugurado abría con la montaña rusa más invertida del planeta, hecha por unos suizos que llevaban siete años existiendo. Dragon Khan puso a PortAventura en el mapa europeo desde el primer día.
Shambhala, en el mismo parque, inaugurada el 12 de mayo de 2012. Un hypercoaster de 76 metros de altura, 78 de caída, 1.564 metros de recorrido y 134 km/h (Wikipedia). Cuando abrió era la montaña rusa más alta y más rápida de Europa en su categoría, y mantuvo ese título hasta la apertura de Hyperion, en Energylandia (Polonia), en julio de 2018. Su tren pasa por debajo del recorrido de Dragon Khan, así que las dos B&M del parque se cruzan literalmente.
Aviso de actualidad: a principios de 2026 PortAventura anunció una renovación parcial de Dragon Khan tras tres décadas de servicio. Si lees esto mucho después, comprueba en qué ha quedado, porque la atracción puede no ser exactamente la que se describe aquí.
Qué le enseña B&M a quien diseña un parque
Cerrando los cuatro perfiles, B&M deja las lecciones más contraintuitivas:
- Inventar una categoría dura más que batir un récord. Un récord de altura te lo quitan en dos años. La invertida lleva desde 1992 siendo un formato de referencia y sigue vendiéndose. Si tienes que elegir entre ser el más alto o ser el primero en hacer algo distinto, lo segundo se amortiza mucho mejor.
- La fiabilidad se puede vender como producto. B&M construye tres veces menos que Vekoma y cobra más por unidad porque lo que vende, en el fondo, no es una atracción: es la tranquilidad de que no habrá sorpresas en treinta años. En un negocio de activos de larguísima vida, eso vale dinero de verdad.
- La capacidad es una decisión de diseño estructural, no de operativa. Que B&M pueda hacer cuatro asientos por fila viene directamente de la anchura de su cajón. Es decir, una decisión de sección de viga tomada en los años noventa determina cuánta cola traga tu atracción hoy. Cuando en esta casa hablamos de que el aforo se decide en el plano y no en la taquilla, esto es exactamente a lo que nos referimos.
- Encarecer a propósito puede ser una estrategia, no un error. El cajón es caro de fabricar y exigente de calcular. Precisamente por eso nadie lo copia, y precisamente por eso es reconocible a doscientos metros. A veces la barrera de entrada que te protege es el coste que tú sí estás dispuesto a asumir.
Ride Intelligence — análisis de parques temáticos: ingeniería, aforo, economía. Todos los datos, fechas y cifras de este artículo están enlazados a su fuente. Las lecturas sobre coste de fabricación y estrategia industrial son mías y las señalo como tales.
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